
Colaboración de Belkis Hidalgo Hoyos
– Curiosamente, muchas veces pensamos que un cardiólogo solamente se dedica a revisar arterias, escuchar latidos y controlar la presión arterial. Pero algunos hacen mucho más que eso: detectan de inmediato a quienes llegan con el corazón lleno de miedo y les devuelven parte de la paz que habían perdido.
– Así ocurrió con el doctor Rubén Darío Nieto O., cardiólogo que atiende en el Hospital Santo Tomás y en el Hospital San Fernando, y que ha dejado una huella muy especial en muchas familias, incluida la mía.
– La paciente era mi mamá. Llegué a la clínica preocupada, vulnerable y emocionalmente agotada. Y en medio de todo aquello, el doctor tuvo algo que no todos poseen: humanidad.
– Más allá de revisar resultados médicos, supo detenerse a mirar a las personas que tenía delante. Con palabras sencillas, pero profundas, logró devolverme tranquilidad. Incluso me recordó lo bendecida que soy de todavía poder tener a mi madre conmigo, algo que muchas veces, en medio de las preocupaciones, olvidamos valorar.
– Y eso jamás se olvida.
– Porque hay médicos que cumplen correctamente con su trabajo, pero existen otros que logran conectarse verdaderamente con sus pacientes. El doctor Nieto pertenece a esos profesionales que comprenden que detrás de cada consulta hay emociones, temores y personas buscando esperanza.
– La cardiología lleva sobre sus hombros una enorme responsabilidad.
– Qué delicado y admirable debe ser trabajar diariamente con pacientes que llegan asustados, con dolor o con incertidumbre. Qué importante es, en esos momentos, encontrar médicos capaces de transmitir calma en lugar de aumentar el miedo.
– Por eso resulta tan valioso cuando un cardiólogo no solo escucha los latidos del corazón, sino también las angustias silenciosas de quienes acompañan al paciente.
– En el Día del Médico, expreso mi agradecimiento al doctor Rubén Darío Nieto por su profesionalismo, pero, sobre todo, por su calidad humana.
– Gracias por atender a mi mamá con dedicación.
– Y gracias por recordarnos que todavía existen médicos que ejercen su profesión con sensibilidad, empatía y verdadero amor por sus pacientes.
– Gracias, Señor, por permitirnos encontrar médicos así… como nuestro “doctor del corazón”.
¡Feliz Día del Médico!
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