
Por Arturo Torres
– En los últimos meses he tenido la oportunidad de conversar con líderes de tecnología y ciberseguridad de diferentes organizaciones en América Latina.
– Aunque pertenecen a industrias distintas, prácticamente todos comparten el mismo reto: proteger su información, mantener la continuidad de sus operaciones y cumplir sus objetivos de negocio frente a adversarios que cada vez operan con mayor velocidad y especialización.
– La conversación normalmente comienza con una pregunta: ¿dónde estamos hoy?
La respuesta no es sencilla. El cibercrimen dejó hace tiempo de ser una colección de ataques aislados.
– Hoy funciona como una verdadera industria, sin fronteras, con especialización de funciones, modelos de negocio, proveedores de servicios y un ecosistema que permite a los atacantes operar a gran escala.
– El Global Threat Landscape Report de FortiGuard Labs nos ha permitido observar precisamente esta evolución. Ya no hablamos solamente de malware o ransomware.
– Hoy debemos entender un ecosistema mucho más amplio que incluye reconocimiento automatizado, explotación de vulnerabilidades, robo y comercialización de credenciales, botnets, servicios criminales y un uso creciente de inteligencia artificial para automatizar diferentes etapas de las operaciones.
– Y hay una variable que considero especialmente importante: el tiempo.
– Los adversarios pueden buscar infraestructura expuesta de manera constante, identificar una vulnerabilidad y tratar de convertir esa exposición en acceso. Para los defensores, esto significa que ya no basta con preguntarnos si contamos con las tecnologías adecuadas; también debemos preguntarnos qué tan rápido podemos identificar, priorizar y responder ante una amenaza.
Panamá en el radar: una presión constante
– Cuando llevamos esta conversación a Panamá la telemetría de FortiGuard Labs nos permite dimensionar esa presión.
– Tan solo durante la primera mitad de 2026 se detectaron en el país 1.9 mil millones de eventos maliciosos.

– Dentro de esta telemetría encontramos, además, alrededor de mil millones de escaneos activos. Esto es particularmente relevante porque nos recuerda que existe actividad automatizada buscando constantemente infraestructura expuesta, servicios disponibles y posibles vulnerabilidades.
– A esto se suman técnicas que conocemos desde hace años y que continúan siendo efectivas: ataques de fuerza bruta contra servicios expuestos, explotación de dispositivos IoT, intentos de explotación de vulnerabilidades conocidas y distribución de malware, incluyendo campañas que utilizan phishing y documentos maliciosos.
– Esto nos deja una lección importante: no todo lo que funciona para los atacantes es nuevo.
– Podemos hablar de inteligencia artificial, automatización y nuevas herramientas criminales, pero una vulnerabilidad sin parchear, una contraseña comprometida, un servicio innecesariamente expuesto o un usuario engañado siguen siendo suficientes para iniciar un incidente.
La defensa también tiene que evolucionar
– Entonces, ¿qué podemos hacer?
– Primero, entender que la ciberseguridad es una responsabilidad compartida. La capacitación debe extenderse más allá de los equipos técnicos. Cualquier colaborador con acceso a información, aplicaciones o servicios corporativos forma parte de la superficie de riesgo de una organización.
– Segundo, necesitamos visibilidad de nuestra superficie de ataque. No podemos proteger aquello que desconocemos. Hardware, software, identidades, aplicaciones en la nube, dispositivos IoT, accesos remotos y sistemas expuestos deben evaluarse continuamente para identificar y priorizar riesgos.
– Y tercero, necesitamos reducir nuestros propios tiempos de detección y respuesta. Los equipos de seguridad ya manejan enormes cantidades de información y alertas; pretender resolver ese problema agregando más herramientas aisladas no necesariamente mejora la seguridad.
– La estrategia debe avanzar hacia plataformas integradas donde telemetría, inteligencia de amenazas, automatización e inteligencia artificial trabajen en conjunto para ayudar a los equipos de seguridad a detectar comportamientos anómalos, correlacionar información y responder con mayor velocidad.
– Desde FortiGuard Labs, gran parte de nuestro trabajo consiste precisamente en transformar enormes cantidades de telemetría en inteligencia accionable: entender qué vulnerabilidades están siendo explotadas, qué malware y botnets están activos, cómo evolucionan las técnicas de los adversarios y cómo podemos trasladar ese conocimiento hacia nuestras tecnologías y hacia las organizaciones que protegemos.
– El mensaje que nos deja el panorama global de amenazas es claro: los atacantes se están industrializando, automatizando y especializando. Nuestra defensa tiene que evolucionar con la misma velocidad.
– Si el cibercrimen ha aprendido a trabajar como un ecosistema, nuestra mejor respuesta también debe ser colectiva: tecnología, inteligencia, personas y colaboración trabajando como una sola estrategia de defensa.

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