
Por Eva E. Montilla, Revista LEA
– La contaminación por residuos plásticos se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales del siglo XXI.
– Aunque las imágenes de enormes islas de plástico flotando en los océanos suelen concentrar la atención mundial, expertos advierten que el problema también se manifiesta de formas menos visibles, pero, igualmente preocupantes, en ríos, manglares y fondos marinos.
– Frente a esta realidad, Panamá impulsa iniciativas orientadas a cambiar la forma en que se producen, consumen y gestionan los materiales.
– Una de ellas es el proyecto Ciudades Circulares, desarrollado por la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), que busca reducir la contaminación por plásticos en las ciudades de Panamá y Colón, mediante estrategias de economía circular, educación ambiental y participación ciudadana.
– Para conocer los alcances de esta iniciativa, Revista LEA conversó con Adiliz Barrera, coordinadora del proyecto Ciudades Circulares de ANCON, quien explicó que la propuesta surge como respuesta al creciente problema de la contaminación marina causada por residuos plásticos.
– «El proyecto nace de la necesidad de reducir la contaminación marina por plástico que tenemos, principalmente, en las ciudades costeras», explicó Barrera.
– Según la especialista, Panamá y Colón fueron seleccionadas debido a que concentran gran parte de la actividad comercial y turística del país, pero también producen importantes volúmenes de residuos.
Del modelo lineal a la circularidad
– Durante décadas, el modelo económico predominante ha estado basado en una lógica simple: producir, consumir y desechar. Sin embargo, este sistema crea una enorme presión sobre los recursos naturales y los sistemas de disposición de residuos.
– Las llamadas ciudades circulares proponen una alternativa.
– «Son aquellas ciudades que tienen un sistema productivo que no es solo comprar, consumir y desechar, sino crear un producto que, a través de su ciclo de vida, pueda volver a entrar en la cadena de valor para convertirse en otro material o mantener un uso similar», sostuvo Barrera.
– Este enfoque permite reducir significativamente la producción de basura y disminuir la presión sobre ecosistemas sensibles como las costas, los ríos y los manglares.
– La experta destacó que una ciudad circular no solo beneficia al ambiente, sino también a la economía y a la calidad de vida de sus habitantes, al promover un uso más eficiente de los recursos y minimizar los impactos asociados a los residuos.

El plástico que no vemos
– Aunque Panamá no enfrenta actualmente el fenómeno de las grandes islas de plástico que se observan en otras regiones del planeta, la contaminación sigue siendo una amenaza latente.
– Barrera aclaró que estas acumulaciones suelen formarse por el efecto de las corrientes oceánicas, un fenómeno que no se presenta de forma significativa en las costas panameñas. No obstante, advirtió que existen otros escenarios igual de preocupantes.
– «Quizás no tengamos islas de plástico en el mar, pero tenemos gran cantidad de plástico en nuestros manglares y en nuestros ríos», señaló.
– Además, explicó que una parte importante de la contaminación marina permanece oculta bajo la superficie.
– «No necesariamente el plástico que flota es el único problema. También está aquel que no vemos porque se va directamente al fondo marino», acentuó.
– Materiales como ciertos textiles sintéticos o plásticos que contienen aditivos especiales, pueden hundirse y acumularse en los ecosistemas marinos profundos, donde sus efectos ambientales aún continúan siendo objeto de estudio.
Un proyecto a largo plazo
– El programa Ciudades Circulares inició hace, aproximadamente, un año y tiene prevista su ejecución hasta 2028.
– Durante este período, ANCON trabaja en diferentes frentes que incluyen estudios técnicos, educación ambiental y jornadas comunitarias de recolección de residuos.
– Entre las primeras acciones implementadas figura un levantamiento de información sobre plásticos problemáticos e innecesarios en Panamá y Colón, así como el desarrollo de un componente educativo dirigido a estudiantes y comunidades.
– Asimismo, la organización participa en la elaboración del Plan Estratégico Nacional para la Economía Circular, instrumento contemplado dentro de la nueva legislación relacionada con esta materia.
Comunidades que comienzan a involucrarse
– Uno de los indicadores más alentadores para los responsables del proyecto, es el aumento de la participación ciudadana en las jornadas de recolección de residuos.
– En la provincia de Colón, donde anteriormente no existía una actividad permanente de este tipo, se realizan jornadas mensuales cada primer sábado del mes.
– «Hemos ido viendo que la cantidad de residuos que se recogen en cada jornada ha aumentado», afirmó Barrera.
– Más allá de las cifras, la coordinadora considera que el principal logro consiste en que las personas comienzan a reconocer la dimensión del problema y a entender que pueden formar parte de la solución.
Del residuo al recurso
– Una de las grandes apuestas de la economía circular es transformar aquello que tradicionalmente se considera basura en nuevos recursos aprovechables.
– En el caso de ANCON, la organización actúa como enlace entre las comunidades y las empresas autorizadas para el tratamiento de residuos.
– Los materiales recolectados son entregados a compañías especializadas que realizan procesos de clasificación y valorización.
– Actualmente, en Panamá existen iniciativas capaces de convertir residuos plásticos en productos de utilidad pública, mediante la fabricación de lo que se conoce como «madera plástica», utilizada para elaborar mobiliario urbano y otros elementos comunitarios.
– Estas alternativas permiten extender la vida útil del material y reducir la necesidad de producir nuevos plásticos.

Educación ambiental: el reto del cambio de comportamiento
– Aunque las nuevas generaciones muestran un mayor nivel de conocimiento sobre los problemas ambientales, Barrera considera que el desafío principal sigue siendo transformar ese conocimiento en acciones concretas.
– «Muchos estudiantes ya conocen el tema y están sensibilizados. Sin embargo, lo que nos hace falta es el cambio de comportamiento», indicó.
– Pequeñas acciones cotidianas, como utilizar recipientes reutilizables o evitar plásticos de un solo uso, pueden tener un efecto acumulativo importante sobre la reducción de residuos.
– Por esa razón, la educación ambiental constituye uno de los ejes fundamentales del proyecto.
Normativas existen, pero falta implementación
– Consultada sobre el marco legal panameño, Barrera afirmó que el país cuenta con diversas normativas relacionadas con la gestión de residuos y la reducción del uso de plásticos.
– Entre ellas mencionó la Ley 276 y la legislación orientada a disminuir los plásticos de un solo uso.
– Sin embargo, considera que el principal desafío no es la ausencia de leyes, sino su aplicación efectiva.
– «El problema en Panamá no es tanto la presencia o ausencia de normativa, sino la implementación de aquellas que existen y traducir lo que está escrito en un papel a acciones reales», acotó.
Una amenaza para la salud y la economía
– Los efectos de la contaminación plástica trascienden el ámbito ambiental. Diversas investigaciones han documentado la presencia de microplásticos y nanoplásticos en especies marinas destinadas al consumo humano, un fenómeno que produce creciente preocupación científica.
– «Ya los peces tienen plásticos. Esos plásticos entran a la cadena trófica y nosotros también los estamos consumiendo», previno Barrera.
– La contaminación, igualmente, tiene consecuencias económicas. Ciudades con ríos contaminados, playas sucias y espacios públicos deteriorados, enfrentan mayores dificultades para atraer turismo, inversiones y oportunidades de desarrollo.
– En este sentido, la especialista insistió en que proteger el ambiente equivale también a proteger la salud, la economía y el bienestar colectivo.
Un cambio que requiere tiempo
– Para Barrera, la transición hacia una economía circular no ocurrirá de manera inmediata. Se trata de una transformación cultural que requiere educación continua, políticas públicas efectivas y participación ciudadana.
– Estimó que pueden pasar varios años antes de que estos cambios se consoliden plenamente en la sociedad.
– No obstante, opinó que involucrar a niños y jóvenes es una de las estrategias más eficaces para acelerar el proceso.
«Esperamos que ellos puedan transmitir ese conocimiento hacia sus familias y convertirse en agentes de cambio dentro de sus comunidades», dijo.
Un desafío que no puede seguir ocultándose
– Al concluir la entrevista, la coordinadora de Ciudades Circulares dejó una reflexión que resume la magnitud del problema.
– «Debemos empezar a ver esto como un problema real de salud pública, no solo ambiental. También afecta la economía, el turismo y la atracción de inversiones. Es un problema integral que tenemos que abordar de manera integral», remarcó.
– La construcción de ciudades circulares representa, en esencia, una apuesta por redefinir la relación entre la sociedad y sus residuos. Más que una estrategia ambiental, se trata de un modelo de desarrollo que busca garantizar comunidades más limpias, saludables y sostenibles para las futuras generaciones.
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