
Por Eva E. Montilla, Revista LEA
– Un valioso espacio de diálogo comunicativo y de reflexión, se obtuvo el pasado sábado 16 de mayo del presente año, en el contexto del conversatorio con egresados de la Universidad de Panamá, propiciado por el sector de la academia.
– La iniciativa fue muy acertada, ya que la Universidad de Panamá tendrá este año las elecciones para escoger al rector, a los decanos, vicedecanos y a los directores de los Centros Regionales, quienes se encargarán del periodo 2026-2031.
– En el encuentro se contó con la participación de la abogada Ana Matilde Gómez Ruiloba y el licenciado en Administración Pública, José de los Santos Chen Barría, (ambos poseedores de un amplio currículo), bajo la moderación de la Prof. Argentina Yee.
– La jornada la inició la Lic. Ana Matilde Gómez R., quien destacó lo siguiente:
– “La Universidad de Panamá no puede limitarse a solo producir conocimiento. La universidad no es sólo una institución de educación superior. A mi juicio, es la columna vertebral del desarrollo social, cultural y científico del país.
– Debe ser motor de innovación y para la equidad. En un mundo y, por ende, en una sociedad marcada por la disrupción tecnológica, la desinformación y la reconfiguración del poder global, yo esperaría de la universidad, por lo menos, este par de funciones irrenunciables: rigor y pertinencia.
– Que sea capaz de formar profesionales que se enfoquen en la resolución de los problemas reales del país. Por lo que es imposible que no actualice sus planes de estudio. Que haya evaluación por competencias y vinculación directa con el sector productivo, público y privado.
– El conocimiento útil, debe ser capaz de producir investigaciones que trasciendan el papel. Que se generen datos; políticas públicas; patentes, patentes más allá de la propiedad intelectual; patentes industriales y comerciales; que propongan soluciones aplicables a los desafíos nacionales y las diversas situaciones que vive el país.
– La inseguridad, salud, educación, energía, gobernanza, desigualdad y el poder económico, sólo por mencionar algunas; independencia crítica frente al poder de turno y poderes fácticos.
– Una universidad centenaria tiene la obligación ética de sostener el debate público con evidencia científica; sin subordinarse a la partidocracia ni a los intereses particulares o sociales; porque su autoridad moral y que sea escuchada cuando presente su postura en la sociedad o en el debate nacional, el debate de la idea, por supuesto, depende en gran medida de su autonomía intelectual.
– La sociedad del siglo XXI no evalúa a la universidad por su historia. No importa lo rica en experiencias y los aportes que haya dado cuando el egresado venga, sino por su capacidad de responder al presente y sus crisis de hoy que tendrán repercusiones mañana.
– La Universidad de Panamá tiene el legado y el peso específico institucional para liderar el proceso de cambios estructurales que necesita la sociedad panameña. La pregunta es: ¿por qué está callada y si está dispuesta a romper con eso y hacerlo?
– En cuanto al gran problema de la corrupción, el problema no es falta de leyes ni de presupuesto, sino el tipo de profesionales que enseñan en sus aulas y los profesionales que egresan de sus aulas. Los que enseñamos, los que egresamos.
– Una universidad que es capaz de formar seres humanos con altas competencias técnicas, pero que son éticamente indiferentes, produce operadores eficientes para las estructuras criminales, para la delincuencia común o la del cuello blanco.
– Es decir, si no hay ética, solamente están graduando colaboradores más que dispuestos para los sistemas ya corruptos. La ética debe ser un eje transversal y no una materia afiliada de un curso o de un semestre. El razonamiento ético debe integrarse en todas las materias.
– Las universidades, y la de Panamá principalmente como rectora de las demás, tienen el deber de formar individuos con un título, sí, pero capaces de decir no a la oferta abusiva, la oferta conveniente, la oferta delictiva, la utilitaria, al beneficio individual, que no mida los resultados sólo en rentabilidad monetaria, sino en el beneficio colectivo que envían.
– Los egresados de la Universidad de Panamá deben poder documentar, auditar y exponer irregularidades con evidencia irrefutable.
– En definitiva, a lo que aspiro y apelo de esta universidad es a que formen profesionales que se reconecten con el bien común, no que salgan pensando en insertarse en las estructuras existentes de la forma que están, a ver cómo se acomodan ellos, o cómo se enriquecen, o que se beneficien personalmente, sino que sean capaces de preguntarse cómo cambio lo que hay para que sirva a la mayor cantidad de personas y al país.
– Parafraseando a Confucio, el hombre y la mujer superior distinguen lo correcto de lo que no lo es, pero el hombre y la mujer inferior son lo que les resulta provechoso. Entonces, basta de formar profesionales para salir a buscar trabajo.
– Claro que todo el mundo tiene derecho a aspirar a educarse en una universidad. Eso es democracia. Pero no a todo el mundo hay que darle un título. Eso es una estafa.
– Basta ya de producir profesionales conformistas o mediocres. Aquellos que solamente buscan el beneficio personal. Es la hora que la universidad levante su voz, que la universidad participe del debate nacional, de todas las crisis.
– Que la universidad acompañe a sus egresados que ocupan cargos públicos, diciéndoles, miren para acá, aquí están los que los formaron a ustedes, aquí estamos dispuestos a apoyarles. Ese camino no lo tienen que hacer solos. Eso es lo que aspiro como egresada de la Universidad de Panamá”.
– El panelista, Lic. José de los Santos Chen Barría, también ofreció aportes:
– “Quiero plantear dos temas muy breves, dentro de los diez minutos. El primero es el de los retos de la educación superior, no solamente en la real, sino en prácticamente todo el mundo. La educación superior está basada en una serie de retos que ha levantado la nueva sociedad del siglo XXI.
– Nuevas tecnologías, nuevo conocimiento, nuevo desarrollo científico y tecnológico y, sobre todo, la inteligencia artificial y en el futuro la inteligencia cuántica. Esto está llevando a las universidades a tener que plantearse nuevas carreras que respondan a este tipo de conocimiento.
– Pero, además de esto, las universidades en su mayoría enfrentan el problema del presupuesto y de inversión, porque en las nuevas carreras y las nuevas tecnologías que se desarrollan requieren mucho dinero para poder ofrecer carreras acordes a esta demanda.
– En un análisis que hacía CNN sobre la crisis de las universidades norteamericanas, analizaba el hecho de que ya muchos jóvenes norteamericanos no tienen títulos universitarios, no andan buscando títulos universitarios, andan buscando el desarrollo de conocimientos que les permitan involucrarse en las nuevas corrientes de trabajo que existen.
– Por otro lado, pareciera difícil creerlo que en Estados Unidos las universidades están sufriendo también de una crisis ideológica, están tomando posiciones ideológicas en lugar de estar asumiendo posiciones académicas.
– Por otro lugar, también el bipartidismo en la enseñanza superior norteamericana, quizá nosotros no lo vemos, pero sí realmente existe una lucha bipartidista para el control de las instituciones educativas superiores en Estados Unidos.
– Y allá hay un problema que no tenemos nosotros porque aquí lo resolvimos de otra forma, y es el endeudamiento que por el alto costo de la carrera universitaria en Estados Unidos obliga a muchísimos estudiantes a tener que endeudarse y trabajar, después a pagar grandes sumas de dinero.

– Aquí en Panamá lo resolvimos por razones económicas de impacto. Entonces, ¿qué pasa con esos retos de la educación superior norteamericana?
– El reto de las universidades de Centroamérica, es que, de las cinco principales universidades de Centroamérica, cuatro son de Costa Rica y una de Guatemala; la sexta es la Universidad Tecnológica de Panamá y la octava es la Universidad de Panamá.
– En Panamá tenemos seis universidades públicas y veinticinco universidades que se les llaman universidades privadas. De las seis públicas, tres han tenido demandas en los tribunales por el escogimiento de sus autoridades.
– Y no mencionemos el caso de UNACHI, que además de eso tiene otra demanda, que no necesariamente enorgullece a esa institución.
– Siempre he pensado que las universidades deben dar un valor agregado al título que ofrecen, y el valor agregado que recibe del título que ofrece a un egresado, es el prestigio de esa universidad y su calidad.
– Hay una universidad, que lo tengo que decir, no sé si debería decir, que no tiene ninguna modificación, y es la Universidad de los Pueblos Indígenas.
– Me puse a investigar cuántas instituciones de secundaria hay en la comarca y cuántos gradúan. Hay tres colegios que gradúan secundaria en la comarca y su graduación no llega a 50 estudiantes por año.
– Sé que podemos entrar en este debate, sin embargo, si se pone el modelo de Bolivia, allá la población indígena era, en el caso de los aymaras, más de 2.5 millones de originarios.
– Contra la población originaria panameña, que sumándola toda, no llega a 450 mil. Veamos, entonces, ¿cuáles son los retos que tiene la enseñanza superior en Panamá? Primero es la oferta académica.
– Las universidades panameñas públicas y privadas tienen que revisar su oferta académica, porque muchas de las carreras que ofrecen no tienen valor para el mundo de hoy día.
– Por otro lado, las universidades panameñas públicas tienen que tratar de evitar que el partidismo y que la lucha ideológica sea una marca dentro de la universidad. Otro tema que deben analizar las universidades públicas panameñas es el modelo de gestión.
– Siento que los consejos académicos deberían analizar si el modelo de gestión que tienen las universidades actualmente, es el modelo de gestión eficiente, transparente y del futuro.
– Me da la impresión que ahí hay muchas acciones que se pueden hacer modificando la estructura del modelo de gestión de las universidades públicas, particularmente de la Universidad de Panamá.
– Por otro lado, el método de elección del rector en las universidades públicas, que básicamente es del mismo modelo, hay que revisarlo para evitar el clientelismo académico y el clientelismo estudiantil.
– Y tratar de buscar una fórmula en que se pueda lograr que, en cada una de las universidades, los altos dignatarios sean personas con una autoridad académica, cívica para ocupar ese cargo.
– Además de eso quiero que meditemos sobre algo. Estaba viendo el tema de las generaciones y acabo de terminar de escribir un libro sobre la educación en Panamá. El libro está en revisión, se llama “Educación, pobreza y desigualdad”.
– Porque estoy convencido que el sistema educativo público para niños produce pobreza y desigualdad. Pero en la investigación que hice, de los 52.000 profesores de éxito académico que hay en el sistema educativo, más del 60% han cumplido edad de jubilación. Y en este año académico, solo 176 profesores aplicaron para retirarse del sistema.
– ¿Dónde está el empleo académico del país? Decía esto porque estaba reflexionando sobre quién enseña y a qué generación enseña. Nos encontramos en que es la generación X y la generación Y la que está educando a la generación de los virtuales, la generación Z y lo que viene la generación Alfa.
– Cuando uno mira los diferentes comportamientos de criterios de ambas generaciones y se comienza a analizar cuál es la generación a la cual se le está enseñando en nuestras universidades, es probablemente la generación Z, digitales, virtuales, gente que tiene un concepto de tiempo diferente, tienen acceso a información totalmente actualizada y al día, gente que domina la inteligencia artificial. No me puedo imaginar cómo existen profesores que no dominen la inteligencia artificial.
– No la domino, pero estoy tratando y he visto gente hacer maravilla con inteligencia artificial y los jóvenes que tenemos al frente de nuestra aula de clases, probablemente dominan más la información que nosotros. Y siento que allí hay un gran reto para la academia panameña. Creo que el reto básicamente está para los educadores.
– Me retiré, a los 75 años me mandaron la carta y con la dignidad me fui. Pero me pongo a pensar cuál es el reto principal que tiene la educación superior panameña y creo que los retos podrían ser dos.
– Uno, su planta académica, que debe ser una planta académica del primer mundo. Y segundo, la oferta de carreras académicas que reforman la resiliencia del siglo XXI”.
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