El cáncer de ovario presenta una grave preocupación global, diagnosticándose en etapas avanzadas en el 80% de los casos, especialmente en mujeres de 50 a 79 años. Con más de 324.000 diagnósticos anuales y 207.000 muertes, es la neoplasia ginecológica más letal. La falta de tamizaje efectivo y signos vagos contribuyen a la detección tardía. A pesar de los avances en medicina de precisión, el impacto socioeconómico es significativo, generando pérdidas enormes y costos emocionales y laborales para pacientes y cuidadores. La urgencia por políticas que promuevan diagnósticos y tratamientos accesibles es esencial.
