La condesa, de origen panameño, Flor María Muñoz Bañales, rindió homenaje a su amigo Joaquín Vásquez Ramírez

Flor María Muñoz Bañales, Joaquín Vásquez Ramírez y Víctor Saturno. (Foto, cortesía).

Colaboración de la condesa Flor María Muñoz Bañales

– Hay personas que aparecen en nuestras vidas a los que yo defino como “ángeles venidos del cielo”.


– Es el caso de a quien con gran respeto lo llamaba “don Joaquín”. Todos sabemos sobre sus cualidades, su gran profesionalismo, su irreprochable conducta, su integridad y transparencia como persona. 


– Como muchos de sus amigos tuve el privilegio de conocer su gran humanidad e interés hacia los que consideraba como los sembradores del futuro. 


– En octubre 2025, durante mi viaje a Panamá, me recibió en su residencia junto a su gran amigo Víctor Saturno, para realizar un conversatorio sobre mi segundo libro.

– Los tres, como bien dice Víctor, fuimos ¡al grano!  El conversatorio fue tan natural y ameno que nos pasamos del tiempo y se publicó en las redes en dos partes.


– Su querida esposa nos ofreció lo que sabía que iba a disfrutar: chicha de tamarindo, canastitas rellenas de ceviche, agua de coco y entre, risas y pláticas sobre diferentes temas, nos despedimos con un fuerte y cariñoso abrazo.


– Brindo por esa linda amistad que, a pesar de la distancia, supimos mantener los tres y que seguiré manteniendo con Víctor y con Juan Carlos. El conversatorio con Juan Carlos, en la que se escuchaba en el fondo a Joaquín, fue la última que tuvimos el 22 de mayo del presente año. Para mí fue un regalo.

– Joaquín nos dejó un importante legado y fue ejemplo de fortaleza con su alegría y positivismo, resonará en nuestra memoria su voz diciendo cada mañana “Buenos, buenos días Panamá”, con esa gran sonrisa que lo caracterizaba y seguirá presente en nuestros corazones.

¡Hasta pronto, don Joaquín! 

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