Los hábitats conectados favorecen microbiomas de ranas más diversos y capaces de prevenir enfermedades

Rana arbórea tropical Boana faber junto a un arroyo del Bosque Atlántico en Brasil. Esta fue una de las cuatro especies de ranas muestreadas en este estudio. (Foto, Augusto Gomes / João Marcos Rosa).

Colaboración del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales

– Una nueva investigación reveló que los bosques que conectan distintos tipos de hábitats pueden ayudar a las ranas a combatir un hongo mortal que afecta a los anfibios

– Es una creencia popular que la exposición a los microbios y patógenos del entorno fortalece el sistema inmunitario. En los anfibios, la comunidad de microbios presente en la piel, denominada microbioma, puede tener propiedades antibacterianas y antifúngicas.

– Estos microbios cutáneos pueden desempeñar un papel clave en la lucha contra el mortífero hongo quítrido Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), que ha afectado a más de 500 especies de anfibios y ha contribuido a casi 90 extinciones en las últimas cinco décadas.

– En un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), investigadores del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), la Universidad Estatal de Pensilvania y otras instituciones descubrieron que la conexión entre distintos tipos de hábitats mejora la capacidad del microbioma cutáneo de los anfibios para defenderse de las enfermedades, al aumentar la presencia de bacterias beneficiosas.

– Los científicos tomaron muestras en 40 sitios del Bosque Atlántico de Brasil. Estos sitios eran fragmentos forestales —parches de bosque aislados— o bosques continuos, que variaban en cuanto al grado de pérdida de hábitat.

– En cada lugar midieron la cobertura natural del suelo, la densidad del borde del bosque y la distancia entre los fragmentos de bosque natural y los hábitats acuáticos, lo que se conoce como ‘división del hábitat’.

– También estudiaron la comunidad bacteriana cutánea de cuatro especies de ranas que varían en su uso de los entornos acuáticos y, por consiguiente, en su exposición a las zoosporas del Bd transmitidas por el agua.

– Por ejemplo, las especies con estadios juveniles (huevos y renacuajos) que requieren masas de agua se ven obligadas a migrar desde los fragmentos forestales a través de hábitats degradados (por ejemplo, pastizales para ganado) para llegar a sus lugares de reproducción.

– Los científicos descubrieron que unos mayores niveles de fragmentación del hábitat están relacionados con una menor capacidad de las bacterias de la piel de los anfibios para inhibir el Bd en las cuatro especies. 

Un paisaje de selva tropical fragmentada en el Bosque Atlántico de Brasil. (Foto, Renato Martins).

– “Nuestro estudio aporta pruebas de que la conectividad entre hábitats es esencial para mantener múltiples niveles de biodiversidad, desde las bacterias asociadas al hospedero con funciones protectoras hasta sus respectivas especies hospedadora, lo que pone de relieve un vínculo crítico entre la perturbación ambiental, las defensas microbianas y la dinámica de las enfermedades”, afirmó el autor principal, Daniel Medina, investigador asociado del STRI y profesor residente en el Center for Tropical Island Biodiversity Studies (TIBS) de la School for Field Studies (SFS).

– “Estos resultados sugieren que los paisajes conectados permiten a los animales mantener microbiomas mejor equipados para combatir los patógenos”, añadió Gui Becker, profesor asociado de Biología en la Universidad Estatal de Pensilvania y autor principal del estudio.

– Es probable que los efectos de la fragmentación del hábitat sobre los microbiomas asociados al hospedero y la susceptibilidad a las enfermedades se den también en otras especies animales que migran a través de grandes áreas, especialmente aquellas que necesitan diferentes tipos de hábitats para completar sus ciclos de vida.

– “Muchas especies (desde aves migratorias hasta peces como el salmón y grandes mamíferos) se desplazan entre distintos hábitats mientras se alimentan, se reproducen o se dispersan”, afirmó Becker.

– “Cuando esos hábitats quedan desconectados, esto puede no solo afectar al movimiento, sino también alterar la forma en que los animales interactúan con los microbios y los patógenos”, resaltó el profesor Becker. 

– Se sabe que la fragmentación del hábitat es una de las principales causas de la pérdida de biodiversidad. Este estudio pone de manifiesto un efecto más profundo derivado de la división de los bosques naturales en áreas más pequeñas a causa de la agricultura, el desarrollo urbanístico u otros usos del suelo: la disminución de la diversidad bacteriana en los microbiomas asociados a los hospederos.

– “Conservar la conectividad del hábitat es vital para preservar las defensas naturales de la fauna silvestre y mantener múltiples niveles de biodiversidad, incluidas las bacterias protectoras, lo que ayuda a prevenir el declive de las poblaciones y a reducir los riesgos de extinción”, afirmó Medina.

“Proteger la conectividad del hábitat puede ayudar a preservar múltiples niveles de biodiversidad”, escribieron los autores, “desde los animales que vemos hasta las comunidades microbianas que ayudan a mantenerlos sanos”. 

– Investigaciones recientes demuestran que también es mejor para los niños pasar tiempo en entornos con una gran biodiversidad microbiana; es posible que todos podamos beneficiarnos de la misma regla general que se aplica a los anfibios.

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